Escarola
escurridaVerduras

Nutrientes destacados

Escarola — escurrida

HervidoHojasSin sal
Por
(150g)
1,73gProteína
4,61gHidratos de carbono
0,27gGrasas
Valor energético
22,5 kcal
Fibra alimentaria
14%4,2g
Vitamina K (filoquinona)
264%317,85μg
Folato
29%117μg
Manganeso
25%0,58mg
Ácido pantoténico (B5)
24%1,24mg
Vitamina A (RAE)
15%141μg
Cobre
14%0,13mg
Zinc
9%1,03mg
Potasio
7%367,5mg

Escarola

Introducción

La escarola cocida es una hortaliza de hoja que pertenece a la familia de las asteráceas, estrechamente emparentada con la achicoria y la endivia. Aunque es muy común consumirla cruda en ensaladas de invierno, su preparación cocida revela una faceta gastronómica mucho más suave y versátil. Al someterse al calor, sus hojas pierden parte de su amargor característico, adquiriendo una textura mantecosa que se integra con facilidad en una gran variedad de recetas calientes. Su presencia en la huerta mediterránea es fundamental, especialmente cuando otras hortalizas más delicadas no toleran bien las bajas temperaturas.

Existen principalmente dos variedades de esta planta: la escarola lisa y la escarola rizada, diferenciándose esta última por sus hojas estrechas y muy divididas. Cuando se cocinan, ambas variedades ofrecen un perfil sensorial complejo que combina notas vegetales dulces con un sutil trasfondo amargo que estimula las papilas gustativas. Este contraste es precisamente lo que la hace tan apreciada por los chefs, quienes buscan profundidad en sus platos vegetales. En los mercados locales de España, es fácil encontrarla en su plenitud durante los meses de otoño e invierno, cuando las hojas están más tiernas y compactas.

Para obtener los mejores resultados en la cocina, se recomienda seleccionar ejemplares de escarola que presenten un corazón claro y hojas exteriores de un color verde vibrante. Una vez cocida, la planta se reduce significativamente de volumen, concentrando su sabor y sus propiedades beneficiosas. Es un alimento que destaca por su humildad y resistencia, siendo capaz de transformar un caldo sencillo en una preparación con carácter y cuerpo. Su uso tradicional se ha mantenido constante a lo largo de las décadas, consolidándose como un ingrediente básico de la cocina de aprovechamiento y proximidad.

Usos culinarios

La preparación de la escarola cocida suele comenzar con un blanqueado rápido en agua hirviendo, lo que permite suavizar su fibra y eliminar el exceso de amargor. Una vez escurrida, es muy común saltearla en una sartén con aceite de oliva virgen extra, ajos laminados y, en ocasiones, un toque de pimentón de la Vera. Este método de cocción resalta su sabor terroso y la convierte en una guarnición elegante para carnes asadas o pescados blancos. También se puede incorporar directamente a guisos de cocción lenta, donde actúa como un agente espesante natural y aporta una textura sedosa.

En cuanto a los maridajes, la escarola cocida armoniza excepcionalmente bien con ingredientes de sabores potentes como las anchoas, las alcaparras o las aceitunas negras. El uso de ácidos, como un chorrito de vinagre de Jerez o zumo de limón al final de la cocción, ayuda a equilibrar sus notas amargas y realza el conjunto del plato. También es frecuente encontrarla combinada con frutos secos, como piñones o pasas, creando un contraste de texturas y sabores muy típico de la cocina catalana y del levante español. Su capacidad para absorber los sabores de los caldos la hace ideal para sopas de pan o de legumbres.

Uno de los usos más tradicionales en la gastronomía española es su inclusión en potajes de alubias o garbanzos, donde aporta frescura y ligereza a platos que suelen ser densos. En algunas regiones, se utiliza como relleno para empanadillas o tartas saladas, mezclada con quesos suaves o huevos para crear una farsa jugosa. También es el ingrediente estrella de platos clásicos de invierno como la escudella, donde se cocina junto a otras verduras y carnes para dar profundidad al caldo. Su versatilidad permite incluso utilizarla en preparaciones modernas como cremas finas o purés de verduras de hoja verde.

Las tendencias actuales en la cocina saludable han rescatado la escarola cocida para platos de pasta y arroces integrales, donde se busca un aporte vegetal con personalidad. Al ser una verdura que aguanta bien el calor sin deshacerse por completo, es perfecta para salteados tipo wok o como base en cuencos de cereales y semillas. Los cocineros contemporáneos también experimentan con ella asándola ligeramente al horno tras un breve paso por el vapor, logrando bordes crujientes y un interior tierno que sorprende por su complejidad aromática.

Nutrición y salud

La escarola cocida es una fuente extraordinaria de vitamina K, un nutriente esencial que desempeña un papel crucial en la salud ósea y en los procesos de coagulación sanguínea. El consumo regular de este vegetal contribuye al mantenimiento de los huesos, ayudando a prevenir la desmineralización con el paso del tiempo. Además, su contenido en fibra es notable, lo que favorece un tránsito intestinal saludable y contribuye a regular los niveles de azúcar en la sangre tras las comidas. Es una opción excelente para quienes buscan aumentar su ingesta de nutrientes sin añadir una carga calórica significativa a su dieta.

Destaca también por su aporte de potasio, un mineral vital para el correcto funcionamiento del sistema nervioso y la función muscular, ayudando además a mantener una presión arterial equilibrada. Los compuestos amargos presentes en la escarola, como la intibina, tienen un efecto tónico sobre el sistema digestivo, estimulando la producción de bilis y facilitando la función del hígado. Asimismo, la presencia de folatos la convierte en una verdura muy beneficiosa para el sistema inmunitario y para la formación de células sanguíneas, apoyando la vitalidad general del organismo.

Desde una perspectiva de bienestar integral, la escarola cocida aporta antioxidantes como el betacaroteno, que el cuerpo transforma en vitamina A según sus necesidades. Estos compuestos son fundamentales para proteger las células frente al daño oxidativo y para mantener la salud de la visión y de los tejidos epiteliales. La combinación de estos micronutrientes con su alta capacidad de hidratación hace que sea un alimento muy equilibrado, ideal para incluir en cenas ligeras o como parte de un almuerzo nutritivo. Su densidad de nutrientes la posiciona como un alimento funcional de gran valor en cualquier etapa de la vida.

Historia y origen

El origen de la escarola se remonta a la región del Mediterráneo y al sur de Asia, donde crecía de forma silvestre mucho antes de ser domesticada. Civilizaciones antiguas como la egipcia ya conocían sus propiedades, aunque inicialmente se utilizaba principalmente con fines medicinales debido a sus cualidades digestivas. Los griegos y los romanos expandieron su cultivo por todo su imperio, valorándola tanto por sus beneficios para la salud como por su capacidad para crecer en suelos diversos y condiciones climáticas variables. En aquellos tiempos, era común consumirla cocida en caldos para fortalecer el organismo.

Durante la Edad Media, la escarola se consolidó como un cultivo básico en los huertos monásticos de Europa, donde los monjes perfeccionaron las técnicas de cultivo para reducir su amargor natural. Fue en este periodo cuando se empezaron a distinguir claramente las variedades de hoja lisa y rizada, seleccionando las semillas según su resistencia al frío. Su llegada a América se produjo de la mano de los colonizadores europeos, quienes llevaron consigo las semillas para asegurar una fuente constante de verduras frescas y nutritivas en los nuevos asentamientos, adaptándose rápidamente a los diferentes climas del continente.

Históricamente, la escarola ha sido un símbolo de la cocina de resistencia y de los meses de carestía invernal, proporcionando vitaminas vitales cuando otras fuentes vegetales escaseaban. En España, su cultivo ha estado ligado tradicionalmente a las zonas de regadío y a la huerta familiar, siendo un ingrediente insustituible en la dieta mediterránea tradicional. Hoy en día, la evolución de la agricultura moderna permite disfrutar de escarola de excelente calidad durante gran parte del año, aunque sigue manteniendo su estatus como una joya culinaria de la temporada de frío, respetada por su larga historia y su arraigo cultural.